Silvina Samparisi apareció en Telefe, LN+ y A24 después de que balearan a un comisario retirado en El Palomar, al oeste del conurbano bonaerense. Las pantallas omitieron su trayectoria radical y su domicilio en un country de General Rodríguez. Su raid terminó alimentando la ofensiva de Martín Sabbatella contra el intendente Lucas Ghi.
El Palomar, una localidad del partido bonaerense de Morón, amaneció atravesada por una escena de terror. Hernán Mariano Catarraso, comisario mayor retirado de la Policía Bonaerense, recibió un disparo en el abdomen después de intervenir ante un intento de robo ocurrido durante el ingreso de los alumnos al colegio Emaús. Había una niña esperando por su padre, familias aterradas y tres delincuentes prófugos. También había móviles de televisión. Y donde aparece una cámara, la política argentina suele llegar con una puntualidad que jamás consigue para resolver los problemas. A las 13.30, Silvina Samparisi hablaba por LN+; a las 14.01 estaba en A24; a las 15.09 reaparecía en Telefe. Mismo saco negro, misma remera rosa, idéntica indignación y una sorprendente amputación del currículum: para los canales era apenas “Silvina, vecina”.

La vecina, sin embargo, tenía más kilometraje político que varios de los cronistas que la entrevistaban. Samparisi es contadora pública, exconcejal de Morón, expresidenta de la UCR local y exjefa del bloque UCR-Juntos en el Concejo Deliberante. No era una señora que había salido a barrer la vereda y se encontró casualmente con tres canales nacionales: era una dirigente experimentada, con años de exposición, internas partidarias y discursos contra el gobierno municipal. Ninguno de esos antecedentes entró en los zócalos. Hubo espacio para repetir “pánico”, “tiroteo” y “conurbano salvaje”, pero no quedaron doce centímetros de pantalla para avisar que la espontánea vecina había ocupado una banca. La televisión mostró el dolor en alta definición y dejó el conflicto de intereses bajo un oportuno desenfoque.

El decorado vecinal tiene otra costura incómoda. El domicilio fiscal de Samparisi figura en Terravista, un barrio privado de General Rodríguez, fuera del partido de Morón. Un domicilio fiscal no certifica dónde duerme cada noche, pero vuelve bastante pintoresca su presentación como encarnación anónima del vecino que soporta diariamente la inseguridad de El Palomar. Sobre su paso por la política local circula además una acusación que todavía necesita papeles: que habría dispuesto de contratos municipales para supuestos empleados sin tareas comprobables. Sin nóminas, expedientes y pruebas de inasistencia, llamarlos “ñoquis” sería dictar sentencia antes de abrir la heladera. Samparisi podría despejar las sospechas mostrando quiénes fueron contratados, qué funciones cumplieron y cuánto dinero público cobraron. Para visitar tres canales encontró una tarde entera. Para esa rendición de cuentas todavía no apareció un móvil disponible.

La secuencia difícilmente podía resultar más útil para Martín Sabbatella, exintendente de Morón, jefe de Nuevo Encuentro y aspirante a recuperar el municipio en 2027. Apenas un día antes, Sabbatella había escalado su guerra contra Lucas Ghi, el actual jefe comunal, y había sentenciado que la política de seguridad “no arranca”. A la mañana siguiente ocurrió el tiroteo y, por la tarde, una exconcejal opositora ya recorría los canales convertida en ciudadana común. No existe una prueba pública de coordinación entre ambos; tampoco hacía demasiada falta: Sabbatella aportó el libreto, la tragedia puso las imágenes y Samparisi ofreció el rostro vecinal. Radical en su biografía, funcional al sabbatellismo en el resultado. Catarraso quedó hospitalizado, las familias quedaron con miedo y la investigación todavía busca a los delincuentes. La interna de Morón, mucho más eficiente, ya había encontrado su botín.









