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Política

Lucas Ghi reclamó más protagonismo municipal frente al delito y elogió el modelo de seguridad de San Miguel

7 septiembre, 2026

El intendente de Morón sostuvo que los jefes comunales del conurbano ya no pueden escudarse en que la seguridad depende de la Provincia. Defendió la fuerza local que prepara su distrito y advirtió por una crisis social que “implosiona” dentro de los hogares.

Lucas Ghi se metió de lleno en uno de los debates más sensibles del área metropolitana: qué deben hacer los municipios cuando los vecinos reclaman seguridad, pero la Policía depende del gobierno bonaerense. El intendente de Morón —que gobierna desde 2019 y ya había ocupado el cargo entre 2009 y 2015— aseguró que los jefes comunales están obligados a involucrarse, aun cuando las leyes distribuyan las responsabilidades de otro modo. Lo dijo durante una conversación transmitida por YouTube que reunió a cuatro mandatarios de distintos espacios políticos: Rossana Chahla, de San Miguel de Tucumán; Ramón Lanús, de San Isidro; Flor Destéfanis, de Santa Rosa, Mendoza, y el propio Ghi. El encuentro formó parte de “Domingo de Intendentes”, un nuevo ciclo impulsado por VINO X EL DESARROLLO y la Red de Innovación Local para comparar experiencias de gestión. También dejó otra definición: “Cuando abrís la puerta de la Municipalidad y lo primero que aparece es la inseguridad, estás obligado a hacerte cargo”.


Ghi reconoció que la seguridad sigue siendo formalmente una competencia provincial, aunque advirtió que esa explicación se vuelve bastante inútil frente a una víctima. “Todo bien, campeón, pero no quiero que me roben más”, sintetizó, con una crudeza que difícilmente entre en un organigrama estatal. También elogió la Policía Municipal de San Miguel, un distrito del noroeste del conurbano gobernado por una fuerza política distinta de la suya, y planteó que Morón debía observar esa experiencia y adaptarla. El gesto no fue menor: mientras una parte de la dirigencia continúa evaluando cada política pública según el color partidario que la inauguró, Ghi reivindicó la posibilidad de copiar aquello que funciona. En el AMBA, donde los municipios ya financian cámaras, centros de monitoreo, patrulleros, alarmas y cuerpos de prevención sin controlar plenamente a la fuerza policial, la discusión dejó de ser teórica hace tiempo. Los vecinos no suelen consultar la Constitución provincial antes de llamar al intendente.
Morón intenta avanzar ahora con su propia respuesta. Mediante el Decreto 1519/2026, el Ejecutivo creó el Programa Integral de Prevención, Proximidad, Protección Comunitaria y Convivencia Ciudadana, denominación jurídica bajo la cual funcionará la Policía Municipal. La primera camada está integrada por 150 aspirantes que comenzaron su capacitación con acompañamiento del Ministerio de Seguridad bonaerense y deberían incorporarse a las calles hacia fin de año. No tendrán las mismas facultades que la Policía Bonaerense: podrán patrullar, asistir a vecinos, preservar escenas e intervenir frente a delitos flagrantes, pero no realizar investigaciones, allanamientos ni trasladar detenidos. La iniciativa también arrastra cuestionamientos opositores sobre su financiamiento, sus atribuciones y la decisión de avanzar por decreto después de que el proyecto no reuniera el respaldo necesario en el Concejo Deliberante. Ese punto evita cualquier celebración anticipada: por ahora existe una fuerza en formación, no resultados comprobables. La verdadera evaluación comenzará cuando los uniformes abandonen las fotografías oficiales y aparezcan en las estaciones, plazas y centros comerciales del distrito.
El intendente también admitió haberse equivocado al elegir funcionarios y sostuvo que la preparación técnica sirve de poco cuando falta el “fuego sagrado” para sostener una gestión exigente. Después amplió el foco y describió el malestar social contemporáneo como un fenómeno “implosivo y no explosivo”: una angustia que ya no siempre se organiza políticamente ni ocupa las calles, sino que se encierra en los hogares y aparece mediante consumos problemáticos, psicofármacos, depresión y autolesiones. Vinculó esa crisis con una generación que perdió la expectativa de vivir mejor que sus padres y con un capitalismo tecnológico cada vez más concentrado. La intervención también tuvo una lectura política: en plena disputa con Martín Sabbatella por la conducción del oficialismo de Morón, Ghi buscó mostrarse como un dirigente con agenda propia, más inclinado al pragmatismo municipal que a la obediencia de tribu.