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Política

Federico Otermín encabezó el ranking de intendentes del GBA y se despegó del pelotón

7 septiembre, 2026

El intendente de Lomas de Zamora alcanzó el 61,6% de imagen positiva y quedó primero entre los 24 jefes comunales del Conurbano. Mientras nueve intendentes ya tienen más rechazo que apoyo, Otermín mejoró sus números y convirtió a su distrito en una incómoda excepción en un territorio donde conservar prestigio político empieza a parecer una rareza.

En tiempos en que administrar un municipio del Conurbano sin terminar debajo del agua, rodeado de baches o convertido en tendencia por algún desastre administrativo ya puede considerarse una hazaña, Federico Otermín consiguió algo todavía más extravagante: ser el intendente con mejor imagen del Gran Buenos Aires. El jefe comunal de Lomas de Zamora alcanzó en septiembre un 61,6% de valoración positiva frente a un 35,8% negativa y obtuvo un diferencial favorable de 25,8 puntos, suficiente para ubicarse por encima de Fernando Gray, Leonardo Nardini, Jaime Méndez y Federico Achával. No se trata solamente de una foto simpática: Otermín también mejoró respecto de agosto, en un ranking donde nueve de los 24 intendentes directamente ya tienen más vecinos desaprobándolos que aprobándolos. Dicho de otro modo, mientras buena parte de sus colegas intenta averiguar cómo dejar de caer, en Lomas el problema parece ser cómo administrar el podio.

El dato tampoco apareció completamente de la nada. Desde que asumió en diciembre de 2023, después de ganar la intendencia con casi el 50% de los votos, Otermín buscó construir una gestión obsesionada con una palabra que repite hasta convertirla prácticamente en marca registrada: “comunidad”. Este año presentó un esquema con 26 ejes de gobierno que mezcla seguridad, educación, ambiente, tecnología, salud, participación vecinal y modernización administrativa. Hubo inteligencia artificial para trámites, programas educativos, intervenciones en escuelas, recuperación de espacios públicos y una curiosa criatura institucional llamada “Mini Muni”, porque aparentemente el siglo XXI exige que hasta los municipios tengan mascota. Debajo de ese packaging bastante menos solemne que el peronismo municipal tradicional, sin embargo, hubo también infraestructura concreta: trabajos en establecimientos educativos de las 14 localidades del distrito, intervenciones viales y continuidad de obras junto con la Provincia.

El frente más sensible fue seguridad, el terreno donde cualquier intendente bonaerense puede pasar de una inauguración sonriente a una conferencia de prensa catastrófica en aproximadamente quince minutos. En julio, Lomas inauguró junto con Axel Kicillof una nueva base de la Unidad Táctica de Operaciones Inmediatas en Albertina, con más de cien agentes permanentes, y sumó dos ambulancias de alta complejidad. A eso se agregó el Consejo de Seguridad y Justicia, pensado para coordinar municipio, Provincia, Poder Judicial y universidad. También avanzaron obras sobre la Ruta 4, mejoras sanitarias y programas sociales en un contexto económico nacional que Otermín aprovecha, naturalmente, para marcar contraste con Javier Milei. La fórmula política es bastante transparente: si desde la Casa Rosada llegan ajuste y motosierra, desde Lomas se intenta mostrar patrulleros, ambulancias, pavimento y funcionarios recorriendo barrios. Antiguo truco de la política argentina, con la pequeña particularidad de que las encuestas indican que, por ahora, funciona.

El ranking de septiembre termina de darle volumen político a esa estrategia. Otermín no sólo quedó primero entre los intendentes del GBA: consiguió instalarse por encima de dirigentes con estructuras territoriales mucho más antiguas, mientras otros pesos pesados del Conurbano quedaron directamente hundidos en diferenciales negativos. La diferencia importa porque Lomas no es precisamente un municipio pequeño, tranquilo ni sencillo de gobernar: tiene una escala demográfica y social suficiente como para triturar rápidamente cualquier relato demasiado optimista. Que desde allí salga hoy el intendente con mejor balance de imagen del GBA permite a Otermín empezar a mirar bastante más lejos que los límites de su distrito. Por ahora asegura que su obsesión sigue siendo Lomas. La política bonaerense, naturalmente, posee una extensa tradición de intendentes que comenzaron diciendo exactamente eso.