Un presunto narco uruguayo fue ejecutado en Palermo en lo que se investiga como un ajuste de cuentas. El caso expone algunas paradojas de los discursos sobre fronteras seguras y los megaoperativos porteños concentrados en las villas.
Carlos Andrés Migales Viera, un ciudadano uruguayo de 31 años vinculado por investigadores de su país con el narcotráfico, fue asesinado a balazos por sicarios en un departamento de Costa Rica al 5200, en Palermo. La principal hipótesis apunta a una venganza relacionada con un cargamento de droga valuado en unos US$2 millones. Hay dos sospechosos detenidos y se secuestró una pistola con silenciador.
Migales Viera había llegado a la Argentina pocas semanas antes y, según información proveniente de Uruguay, tenía antecedentes y ya había sufrido un intento de asesinato. El episodio aparece en un momento particular: el Gobierno nacional viene exhibiendo el endurecimiento de su política migratoria y asegura haber expulsado, rechazado o inadmitido a más de 20.000 extranjeros desde febrero. Esta vez, aparentemente, el filtro no detectó que el visitante podía traer un problema algo más serio que documentación incompleta.
La escena también incomoda el mapa de seguridad porteño. El Gobierno de Jorge Macri desplegó recientemente más de 1.500 efectivos en 15 villas y barrios populares bajo el cinematográfico nombre de “Tormenta Negra”: hubo 17 detenidos, 14 de ellos por comercialización o tenencia de drogas. Mientras helicópteros, policías y agentes saturaban los barrios populares, un presunto jefe narco extranjero terminó ejecutado por sicarios en un departamento de Palermo. Parece que la tormenta tenía un pronóstico demasiado localizado.
La investigación quedó en manos del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°26 y busca reconstruir cómo los atacantes consiguieron ingresar al edificio sin forzar los accesos y quién les proporcionó la información. Por ahora, la Justicia trabaja sobre un posible ajuste de cuentas vinculado al narcotráfico internacional, mientras el episodio deja una postal bastante menos publicitaria de la seguridad porteña: el crimen organizado no siempre vive donde los megaoperativos van a buscarlo.









